La Asociación Internacional de Productores de Cobre (CDA, por sus siglas en inglés) envió una carta al expresidente de Estados Unidos, Donald Trump, expresando su preocupación por los aranceles impuestos a los envíos de cobre hacia el país norteamericano. La misiva, fechada en enero de 2025, destaca el impacto negativo que estas medidas tendrían en la industria del cobre y en la economía global.

En la carta, el organismo argumenta que los aranceles podrían desestabilizar el mercado del cobre, afectando no solo a los productores, sino también a las industrias que dependen de este metal, como la construcción, la electrónica y la energía renovable. Además, la asociación subraya que el cobre es un material esencial para la transición energética y la descarbonización, por lo que cualquier barrera comercial podría ralentizar estos avances.
El presidente de la CDA, Adam Estelle, declaró: «Afortunadamente, Estados Unidos cuenta con abundantes reservas de cobre y sólidas alianzas mundiales, pero la minería y el refinado nacionales se enfrentan a importantes retos. Las nuevas minas tardan una media de 29 años en entrar en funcionamiento, uno de los plazos más largos del mundo. El refinado también está limitado, con sólo dos fundiciones primarias nacionales en funcionamiento, lo que obliga a EE.UU. a exportar 341.000 toneladas métricas de mineral y concentrado de cobre en 2023 para su refinado en el extranjero”, señaló Adam Estelle, presidente y CEO de la CDA.
“Aunque la durabilidad del cobre mantiene en uso productivo más de dos tercios de todo el cobre extraído, en la próxima década no habrá suficiente chatarra disponible para satisfacer la creciente demanda, ya que gran parte sigue en uso activo. La nueva capacidad de reciclaje en EE.UU. se dirige principalmente a la chatarra de alta calidad, dejando infrautilizados los materiales contaminados y aleados. La ampliación de la infraestructura de reciclado podría aumentar la oferta, pero seguiría siendo insuficiente para satisfacer la demanda prevista”, complementó en la misiva.
Este movimiento refleja la preocupación de la industria minera ante las políticas comerciales que podrían afectar su competitividad en el mercado internacional, especialmente en un contexto donde la demanda de cobre sigue en aumento debido a su papel clave en la economía verde.